Sentido Común es activación ciudadana, rescatar el valor del arte, de la manifestación cultural como fundamento del tejido social. Nuestro punto 4 incluye generar ciudadanos que viven el arte de una ciudad para todos.
Los niños son ramificaciones de los padres, orgánicas, hereditarias, pero sobre todo educacionale. Por ello, son una responsabilidad “natural” desde el punto de vista de protección, alimentación y cuidado; también hacen y repiten todo lo que hacen sus progenitores, como todos los animales en el planeta. Eso, por lo general, nos hace “gracia”, pero debería avergonzarnos.
Pareciera que son tontos, pareciera que no miran, pero lo ven todo con avidez, deseando aprenderlo, devorando todo aquello que sus padres les presentan y se toman como natural, y fumamos y gritamos y ensuciamos los espacios donde crecen y se crían, junto a medios y personas que confunden su ingenua pero delicada virginidad… Las herramientas que ponemos en sus manos son bien simples: es el sí o es el no, el se hace o no se hace, el se toca o no se toca, castigado y premiado… Con todo mi respeto, un camino lleno de meandros, que podría parecer un río de gran corriente, que arrastra, confunde las direcciones y marea las conclusiones.
La palabra y la acción son los medios que, poco a poco, tomarán, como herramientas que hagan realidad el contacto con sus padres y con los miembros de la sociedad. La palabra es, para ellos, tan milagrosa que demuestra la profunda necesidad de comunicación de un pequeño ser que comienza su camino, y nos alegra ver que habla, que parece que dijera papa, o mama… pero ¿hemos pensado en la grandiosa necesidad que sentirán para construir un lenguaje de sonidos y de gestos?
El uso de la palabra y de los gestos, y la manipulación de objetos, constituyen los juegos del pequeño ser humano, y despiertan su interés por todo lo que le rodea. Conocer es el lema natural, el de la naturaleza y la vida…
Se toca todo, se saborea, se reconoce el entorno con una pureza e ingenuidad que nos avergüenza; de pronto nos vemos gritando como desesperados cuando advertimos que se meten el jabón en la boca, o cuando ponen en riesgo su vida con tanto aparato o producto desconocido para un cachorrito que apenas habla y que va descubriendo un entorno peligroso…
Con los juegos pretendemos distraerlos de los riesgos, con los juegos habituamos a su mente a divulgar sus necesidades, sus gustos y sus miedos… son la gran herramienta de los seres animados. Todo animal mamífero ama el juego y lo practica para con él aprender cómo sobrevivir. Con él también se sociabilizan con sus hermanos de camada, y con los de camadas cercanas, se retan, se conocen, se permiten y se esquivan; en conclusión, se comunican a través de los juegos y sonidos o lenguaje.
Es en esa gran escala (aunque chica), donde surge la forma más primitiva y más conceptual de la comunicación, del lenguaje; es, en suma, la aparición de la cultura…aprender mientras se juega y se conoce la necesidad entre hambre, frío y enfermedad…
Los juegos infantiles son un arma estratégica si se saben utilizar adecuadamente, bellos recuerdos que quizás nunca olvidemos… Si supiéramos utilizar esa herramienta instintiva al servicio de la calidad de la vida, al servicio de una educación sensata (?), los juegos serían la entrada de la cultura en casa, la entrada de los sentidos y emociones controladas, la invitación a entenderse entre todos y por todos. Las artes y la cultura se deberían y se podrían comprometer con lenguajes infantiles que les cuenten, a su modo, lo que haya que contarles, con colores y con música, con palabras y con letras, con materiales e ideas.
El arte es un descanso en el camino de los hombres ya crecidos, un discurso silencioso sobre los compromisos necesarios con la vida, combustible del vagón de las verdades, de las causas que al final despertarán las preguntas y respuestas que les permitirán amar lo que poseen, amar lo que comparten, y dar lo que consigan con su vida, en la madurez, a través de su trabajo y de su opinión.
La pedagogía en los hogares, en los colegios y escuelas, tendría que considerar que el juego no significa distracción funcional, para conseguir que el tiempo vuelva a ser “derecho individual de los adultos”, delegar a que se distraigan con un trozo de vacío, que ellos tratan de llenar, solo para reconquistar el mundo de la vida de los adultos papás… Tenemos la posibilidad de entregar a nuestros hijos una herramienta fundamental, que es el arte de los juegos y los juegos del arte, para que con ellos aprendamos a vivir en sociedad.
Jose Luis Zuñiga

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